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Poème de la mer.

Poème de la Mer

(…) Et dès lors, je me suis baigné dans le Poème

De la Mer, infusé d’astres, et lactescent,

Dévorant les azurs verts; où, flottaison blême

Et ravie, un noyé pensif parfois descend (…).

Rimbaud, A. (1871). Le bateau ivre.

 

Poema del Mar

(…) Desde entonces me baño inmerso en el Poema

Del Mar, infusión de astros y vía lactescente,

sorbiendo el cielo verde, por donde flota a veces,

pecio arrobado y pálido, un muerto pensativo (…).

Rimbaud, A. (1871). El barco ebrio.

Trad./Versión. Ed. Cátedra.

 

Música: Spiegel im spiegel | Arvo Pärt. (Comp.).

Cámara: Nikon CoolPix AW100.

Fabricando sueños, proyectando emociones.

si el espacio llorase

Conozco un poco a José Manuel. Un poco de su vida, de sus ocupaciones, sus inquietudes y algunas de sus preocupaciones; también de sus sueños. Siempre, me admiró su humanidad y su sensibilidad para captar y transmitir.

Me gusta cerrar los ojos, pienso que ‘fabrico sueños’. Otros, como él, como José Manuel, cuando los abren nos regalan los suyos, sus sueños y emociones… también sus desazones.

Tiene un don especial para crear, para captar lo que observa y tocar en nuestros corazones, porque, al igual que ‘un libro es algo más que una lectura’, una fotografía no es sólo una imagen. En ellas proyecta su mundo interior, sus sentires y, a través de ellas, logra emocionar, provocar un sentimiento. Incluso si éste difiere del que originó la fotografía para su autor.

Porque, en definitiva, de eso se trata, de sentir, de los sentimientos, de los sentidos, de las sensaciones, de la sensibilidad… Proyectar lo que sientes en lo que haces y llegar a emocionar.

Aterra a la par que te libera, a veces frustra, otras enorgullece. Vaivenes tra- tando de esclarecer, que no es otra cosa que arrojar luz allí donde parece que sólo existen sombras, blanco y negro.

Hernández de la Iglesia, Elena (2014). “Lo mejor de la fotografía. Fabricando sueños, proyectando emociones”. En Lo mejor de las Autonomías. Madrid: Ducal Ed., nº 116 – Sept. 2014, p. 46 y ss.

El claroscuro existencialismo de la realidad.

solo en el desierto Edita fotos en blanco y negro, y la mayor parte de las veces se aleja del color como si temiera asirse a la encorsetada percepción lumínica de la cotidianidad. Clava los ojos de su cámara en el límite vital de los objetos cercanos para lograr una efectiva respuesta emocional en el observador.

Las fotografías de José Manuel Rodríguez podrían definirse como el claroscuro existencialismo de la realidad. Denotan libertad y angustia, melancolía y ensoñación, vida y muerte, proyección e imaginación. Son los genios que emanan del puchero cotidiano de la mente, los que surgen de la efectiva creatividad que da rienda suelta a lo más puro del arte.

José Manuel Rodríguez emerge desde su mismo entorno para expresar la belleza de la vida, aunque sea efímera, a través del moribundo girasol en el atormentado labrantío castellano, o en las tres rosas marchitando su temporalidad en el permanente tarro de cristal. Expone al hombre solo en la misteriosa eternidad, en el desierto mar o en la cúspide del elefantiásico monolito de piedra, que recuerda a las películas de Buñuel. Incluso las ovejas y su pastor en la zirzagueante cañada recomida por el camimo sería una buena imagen buñuelesca.Los mismos guiños artísticos los busca también este extraordinario fotógrafo en la singular palmera de fuegos artificiales al lado de la torre de la iglesia.

Duque, José Carlos (2014). “Lo mejor de la fotografía. El claroscuro existencialismo de la realidad”. En Lo mejor de las Autonomías. Madrid: Ducal Ed., nº 116 – Sept. 2014, p. 46 y ss.

Cada cual con su quimera

“Bajo un gran cielo gris, en una gran llanura polvorienta, sin sendas, sin hierba, sin un cardo, sin una ortiga, me encontré con muchos hombres que caminaban encorvados. (…)

Hablé con uno de aquellos hombres, y le pregunté adónde iban de aquel modo. Me respondió que no sabía nada, ni él ni los demás; pero que evidentemente iban a alguna parte, ya que los empujaba un irreprimible deseo de caminar (…), caminaban con el resignado aspecto de los condenados a una espera eterna. (…). Y durante algunos instantes me empeñé en querer comprender aquel misterio; pero muy pronto la irresistible Indiferencia se abatió sobre mí, y me sentí más abrumado aún de lo que estaban ellos bajo sus agobiantes Quimeras”.

Cada cual con su quimera. Baudelaire.

Strauss, A. (2012). Baudelaire, Poe, Mallarmé, Flaubert. Interpretados por Odilon Redon. Barcelona: La Central, p. 35

Politics of the body

The politics of the body apThe Politics of the body: gender in a neoliberal and neoconservative age (Polity Books Ed. Cambridge, U.K) es el último libro de la socióloga Alison Phipps, en cuya portada aparecerá ‘Santa puta mártir’, una de las fotografías que realicé tras leer ‘Vuelo nocturno. canonicemos a las putas’ de Jaime Sabines. La editorial ha reeditado la foto con algún desaturado y eliminó ‘PUTA’ (escrito con pintalabios a modo de insulto, contrapuesto a los sutiles versos de Sabines) y los anuncios de prostitutas que cogí en la calle Corrientes de Buenos Aires. Quizá hoy, también yo hubiera prescindido del ‘PUTA’ y del corazón pintado; me resultan demasiado explícitos, simples y poco ingeniosos.

En todo caso, me hizo ilusión la elección, especialmente por las críticas negativas que recibí en su día. Por ello, reedito el texto que publiqué hace unos años para agradecer a quienes me ayudaron a juntar las cerca de quinientas latas de ‘cocacola’; a la Asoc. ‘El Cribero’ por el par de maniquíes; a mis amigos argentino-españoles que me acompañaron por Palermo (Buenos Aires) fotografiando grafitis. También a Verónica Vera, que desde Coyoacán (México) puso en mis manos la poesía de J. Sabines, sobre cuyos textos reposan las fotografías. Pero sobre todo,  y, ante todo, a las mujeres esclavas del siglo XXI que sufren la prostitución, sus mafias y el SIDA.

Cabe señalar que la foto ilustró -sin mi consentimiento, en un principio- un absurdo artículo del diario 20 minutos de Madrid, donde los lectores comentaban que la imagen ‘incitaba a la violencia’ (¿ ?). Hubo quien me aconsejó retirar la imagen de mi página en Flickr (risas). En fin, mucha razón tiene Rodrigo García -director teatral- cuando dice que ‘a veces debemos hacer algo que mucha gente nos aconseja que no hagamos. Es el conflicto inevitable para que algo se mueva’.

Sea como fuere, la profesora A. Phipps y su editorial captaron la esencia de la fotografía. Quedo agradecido y feliz por ello.

Fotografía original y serie completa:

santa puta martir

santa puta martir 2 santa puta martir 3

Buscar la sorpresa

buscando la sorpresa

En tiempos casi pretéritos, una joven profesora de pintura estimulaba a sus alumnos, entre los que me incluía, diciendo que los pintores tenían el privilegio de ver ‘más allá’. Por ejemplo, presenciar el cortejo del sol con una vieja ventana gestando una escena ‘bella’ -o al menos diferente- repleta de luces y sombras; instante fugaz que para otras personas pasaba desapercibido. En este sentido, mis primeros conceptos fotográficos, ‘aguas y vinagres’ fueron revelados por Carlos Sanz Aldea, quien paradójicamente hoy es reconocido pintor.

Más allá de lo anecdótico y con los pinceles abandonados por falta de destreza, me compré una réflex por la necesidad de olvidar ‘el ver’ y repensar ‘el observar’. En éste camino, el camino de los porqués, me acompañan la escritura y, sobre todo, la lectura de los ‘pocos sabios que en el mundo han sido’; una senda que conduce a la reflexión insistente e incluso al esbozo de los primeros dibujos que después se convertirán en algo, a veces en fotografías, capaces de aglutinar el ciclo reflexivo. Este proceso resulta más o menos tedioso, pero hay dudas que no se solventan en toda una vida, aunque paradójicamente la fotografía digital ofrezca la inmediatez como relativa ventaja.

Este discurrir de la duda podría compararse al final de una obra teatral: ‘… y cae el telón’. La sala queda oscura y no hay más que observar, sólo reflexionar sobre lo experimentado. Seguramente a esto se deba mi interés inicial por fotografiar ensayos y analizar las obras del actor y director Alberto Velasco, pues encontré en ellos una forma -bien sencilla- de embriagarme con sueños y estimular la materia gris.

No obstante, la vuelta, como la huida, siempre es a ninguna parte o tal vez al inicio: el prisionero que mira las sombras. Tan pronto como se llega al corazón de la pesquisa… el clímax resulta tan efímero que el sentido de la imagen final se desvanece y el ‘instante de un contexto’ pasa a ser historia, en el sentido de ‘no importante’. Tal vez esa fotografía -ya hecha- se positive al cabo de años, meses, días u horas, aunque ese no sea el destino. Lo esencial es concretar las enunciativas y las interrogativas (ambas reflexivas, con sujeto a la vez agente que paciente); si bien, como decía J. Saramago ‘en buena verdad, la línea recta sólo existe en la geometría, y aun así no pasa de una abstracción’ (La caverna, 2000). Así, a pesar de los pesares, curado de espantos, sigo buscando la línea recta, la sorpresa a la vuelta de la esquina, quizá ese ‘más allá’, a veces traumático y sin embargo catártico.