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Fabricando sueños, proyectando emociones.

si el espacio llorase

Conozco un poco a José Manuel. Un poco de su vida, de sus ocupaciones, sus inquietudes y algunas de sus preocupaciones; también de sus sueños. Siempre, me admiró su humanidad y su sensibilidad para captar y transmitir.

Me gusta cerrar los ojos, pienso que ‘fabrico sueños’. Otros, como él, como José Manuel, cuando los abren nos regalan los suyos, sus sueños y emociones… también sus desazones.

Tiene un don especial para crear, para captar lo que observa y tocar en nuestros corazones, porque, al igual que ‘un libro es algo más que una lectura’, una fotografía no es sólo una imagen. En ellas proyecta su mundo interior, sus sentires y, a través de ellas, logra emocionar, provocar un sentimiento. Incluso si éste difiere del que originó la fotografía para su autor.

Porque, en definitiva, de eso se trata, de sentir, de los sentimientos, de los sentidos, de las sensaciones, de la sensibilidad… Proyectar lo que sientes en lo que haces y llegar a emocionar.

Aterra a la par que te libera, a veces frustra, otras enorgullece. Vaivenes tra- tando de esclarecer, que no es otra cosa que arrojar luz allí donde parece que sólo existen sombras, blanco y negro.

Hernández de la Iglesia, Elena (2014). “Lo mejor de la fotografía. Fabricando sueños, proyectando emociones”. En Lo mejor de las Autonomías. Madrid: Ducal Ed., nº 116 – Sept. 2014, p. 46 y ss.

El claroscuro existencialismo de la realidad.

solo en el desierto Edita fotos en blanco y negro, y la mayor parte de las veces se aleja del color como si temiera asirse a la encorsetada percepción lumínica de la cotidianidad. Clava los ojos de su cámara en el límite vital de los objetos cercanos para lograr una efectiva respuesta emocional en el observador.

Las fotografías de José Manuel Rodríguez podrían definirse como el claroscuro existencialismo de la realidad. Denotan libertad y angustia, melancolía y ensoñación, vida y muerte, proyección e imaginación. Son los genios que emanan del puchero cotidiano de la mente, los que surgen de la efectiva creatividad que da rienda suelta a lo más puro del arte.

José Manuel Rodríguez emerge desde su mismo entorno para expresar la belleza de la vida, aunque sea efímera, a través del moribundo girasol en el atormentado labrantío castellano, o en las tres rosas marchitando su temporalidad en el permanente tarro de cristal. Expone al hombre solo en la misteriosa eternidad, en el desierto mar o en la cúspide del elefantiásico monolito de piedra, que recuerda a las películas de Buñuel. Incluso las ovejas y su pastor en la zirzagueante cañada recomida por el camimo sería una buena imagen buñuelesca.Los mismos guiños artísticos los busca también este extraordinario fotógrafo en la singular palmera de fuegos artificiales al lado de la torre de la iglesia.

Duque, José Carlos (2014). “Lo mejor de la fotografía. El claroscuro existencialismo de la realidad”. En Lo mejor de las Autonomías. Madrid: Ducal Ed., nº 116 – Sept. 2014, p. 46 y ss.