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Buscar la sorpresa

buscando la sorpresa

En tiempos casi pretéritos, una joven profesora de pintura estimulaba a sus alumnos, entre los que me incluía, diciendo que los pintores tenían el privilegio de ver ‘más allá’. Por ejemplo, presenciar el cortejo del sol con una vieja ventana gestando una escena ‘bella’ -o al menos diferente- repleta de luces y sombras; instante fugaz que para otras personas pasaba desapercibido. En este sentido, mis primeros conceptos fotográficos, ‘aguas y vinagres’ fueron revelados por Carlos Sanz Aldea, quien paradójicamente hoy es reconocido pintor.

Más allá de lo anecdótico y con los pinceles abandonados por falta de destreza, me compré una réflex por la necesidad de olvidar ‘el ver’ y repensar ‘el observar’. En éste camino, el camino de los porqués, me acompañan la escritura y, sobre todo, la lectura de los ‘pocos sabios que en el mundo han sido’; una senda que conduce a la reflexión insistente e incluso al esbozo de los primeros dibujos que después se convertirán en algo, a veces en fotografías, capaces de aglutinar el ciclo reflexivo. Este proceso resulta más o menos tedioso, pero hay dudas que no se solventan en toda una vida, aunque paradójicamente la fotografía digital ofrezca la inmediatez como relativa ventaja.

Este discurrir de la duda podría compararse al final de una obra teatral: ‘… y cae el telón’. La sala queda oscura y no hay más que observar, sólo reflexionar sobre lo experimentado. Seguramente a esto se deba mi interés inicial por fotografiar ensayos y analizar las obras del actor y director Alberto Velasco, pues encontré en ellos una forma -bien sencilla- de embriagarme con sueños y estimular la materia gris.

No obstante, la vuelta, como la huida, siempre es a ninguna parte o tal vez al inicio: el prisionero que mira las sombras. Tan pronto como se llega al corazón de la pesquisa… el clímax resulta tan efímero que el sentido de la imagen final se desvanece y el ‘instante de un contexto’ pasa a ser historia, en el sentido de ‘no importante’. Tal vez esa fotografía -ya hecha- se positive al cabo de años, meses, días u horas, aunque ese no sea el destino. Lo esencial es concretar las enunciativas y las interrogativas (ambas reflexivas, con sujeto a la vez agente que paciente); si bien, como decía J. Saramago ‘en buena verdad, la línea recta sólo existe en la geometría, y aun así no pasa de una abstracción’ (La caverna, 2000). Así, a pesar de los pesares, curado de espantos, sigo buscando la línea recta, la sorpresa a la vuelta de la esquina, quizá ese ‘más allá’, a veces traumático y sin embargo catártico.

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Publicado por José Manuel el 26 mayo, 2013

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